Publicado en Artículos científicos, Tutoría

Por qué las mentes más brillantes necesitan soledad

Conectar con uno mismo es fuente de beneficios. Darwin rechazaba todas las invitaciones a fiestas. Y del aislamiento nació el primer ordenador Apple

El sociólogo Eric Klinenberg, de la Universidad de Nueva York, autor del estudio GOING SOLO: The Extraordinary Rise and Surprising Appeal of Living Alone, está convencido de que vivir solo significa, además, disfrutar de relaciones de más calidad, ya que la mayoría de singles tiene claro que la soledad es mucho mejor que el hecho de sentirse mal acompañado. Incluso hay estudios que aseguran que la soledad facilita el desarrollo de la empatía. Otra socióloga, Erin Cornwell, de la Universidad Cornell en Ithaca (Nueva York), ha determinado tras distintos análisis que es más probable que la gente mayor de 35 años que vive sola pase una velada entre amigos que no aquellos que viven en pareja. Esto también ocurre con las personas mayores que, aun viviendo solas, poseen una red social de amistades tan amplia o más que las personas de su misma edad que viven acompañadas. Es la conclusión a la que llegó el estudio llevado a cabo por el sociólogo Benjamin Cornwell y que publicó en American Sociological Review.

La base de la creatividad y de la innovación

Las personas somos seres sociales, pero tras pasarnos el día rodeados de gente, de reunión en reunión, atentos a las redes sociales y al móvil, hiperactivos e hiperconectados, la soledad ofrece un espacio de reposo sanador. Una de las conclusiones más sorprendentes es que la soledad resulta básica para la creatividad, la innovación y el buen liderazgo. Un estudio realizado en 1994 por Mihaly Csikszentmihalyi (el gran psicólogo de la felicidad) comprobó que los adolescentes que no soportan la soledad son incapaces de desarrollar el talento creativo.

Susan Cain, autora del libro Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking, cuya conferencia en Ted Talks es una de las favoritas de Bill Gates, defiende a ultranza la riqueza creativa que surge de la soledad y reivindica, por el bien de todos, la práctica de la introversión. “Siempre me habían dicho que debía mostrarme más abierta, aunque yo sentía que ser introvertida no era algo malo. Así que durante años fui a bares abarrotados, muchos introvertidos lo hacen, lo que representa una pérdida de creatividad y de liderazgo que nuestra sociedad no se puede permitir. Tenemos la creencia de que toda creatividad y productividad proviene de un lugar extrañamente sociable. Sin embargo, la soledad es el ingrediente crucial de la creatividad. Darwin daba largas caminatas por el bosque y rechazaba enfáticamente invitaciones a fiestas. Steve Wozniak inventó la primera computadora Apple encerrado en su cubículo de Hewlett Packard, donde trabajaba entonces. La soledad importa. Para algunas personas, incluso, es el aire que respiran”.

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No es pereza, es que soy más inteligente que la media

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No es pereza, es que soy más inteligente que la media

Las mentes pensantes no necesitan hacer tanta actividad física, por ello pasan más tiempo remoloneando que la media de las personas. Dicho de otro modo: puede que sea usted perezoso porque es más inteligente que el común de los mortales. Compra la idea, ¿no? Pues ojo porque eso es lo que sugiere una investigación realizada por psicólogos estadounidenses de la Universidad Estatal Apalaches, en Carolina del Norte, y de la Universidad de la Costa del Golfo de Florida, en Fort Myers.

El estudio parte del supuesto de que las personas con un alto coeficiente intelectual se aburren menos porque tienen más en que pensar y, por tanto, pasan largos ratos ensimismados, carburando y gozando de su vida interior, lo que redunda en una menor actividad física.

A esa conclusión llegaron los investigadores tras analizar a dos grupos de estudiantes, de 30 personas cada uno. Mientras uno mostraba una alta Necesidad De Cognición (NFC por sus siglas en inglés), un término que en psicología define a la gente que disfruta realizando esfuerzos cognitivos, en el otro esa necesidad no sobrepasaba los niveles medios. Tras hacerles una serie de preguntas, tipo “¿te gusta enfrentarte a situaciones que te hagan reflexionar?”, o “¿te divierte pensar?”, o “¿te gustan las tareas que, una vez aprendidas, no necesitan que pienses demasiado?”, los estudiantes fueron monitorizados mediante un dispositivo colocado en la muñeca que calibró el esfuerzo físico realizado durante el tiempo del estudio.

Los resultados evidenciaron que estos hicieron mucho más ejercicio entre lunes y viernes, aunque no a lo largo del fin de semana. Para Ares Anfruns, psicoterapeuta y coach del Institut Gomà de Barcelona, “las personas con altas capacidades intelectuales se caracterizan, entre otras cosas, por comprender ideas complejas y abstractas y por poseer un comportamiento creativo a la hora de encontrar soluciones. Su gran habilidad es su mente pensante y es ahí donde pasan muchas más horas que otras personas elaborando ideas, creando diferentes escenarios de una misma situación, asociando distintos contextos y buscando resultados diferentes. Debido a esta condición su ritmo para pasar a la acción y ‘ponerse en marcha’ es diferente al de otros; no es que no lo hagan sino que lo retardan. En mi opinión, no es la pereza lo que les define sino un ritmo diferente”.

Queda claro que la cuestión no es simple, y que no se puede resumir afirmando tan solo que un alto coeficiente intelectual condiciona a las personas a ser más sedentarias. Y tampoco que, por el contrario, las personas con un coeficiente intelectual más bien bajo no disfruten de la vida contemplativa y de los desafíos cognitivos, según contaron los autores del estudio al Washington Post.

La cosa es más sutil. También se observan diferencias entre personas igual de capacitadas y que, por ejemplo, desarrollan el mismo trabajo de ingeniería en la misma empresa. A priori parecería que el nivel de actividad física que demanda su actividad debería ser similar para ambos. Pero si una tiene la NFC más alta, se estimula cuando ante el ordenador debe afrontar problemas complejos, lo que le lleva a pasar largos ratos pensando frente a la pantalla. La otra, no tan necesitada de retos intelectuales, más bien se agobia y procede a invertir más tiempo en ausentarse de su mesa, ya sea yendo al baño más veces o aprovechando la pausa de mediodía para ir a hacer algo de deporte: se mueve más.

Estudios anteriores que contamos en BuenaVida, apuntaban que las mentes brillantes necesitan más tiempo en soledad, lo que les reporta más tiempo para pensar.

Estos investigadores no son los únicos que apuntan en esa dirección. Otro que tenía claro que un punto de pereza puede denotar aptitudes intelectuales fue Kurt von Hammerstein-Equord, un general alemán y férreo opositor al régimen nazi que hizo una singular clasificación de sus oficiales, que contó de la siguiente manera:

Distingo cuatro clases: los inteligentes, los trabajadores, los tontos y los vagos. En la mayoría de los casos concurren dos cualidades. Los inteligentes y trabajadores son para el Estado Mayor; los otros, los tontos y vagos, forman el 90% de todos los ejércitos y son muy aptos para las tareas de rutina. El que es inteligente y, a la vez, vago, se califica para las más altas tareas de mando, pues aporta la claridad mental y el aplomo necesarios para tomar decisiones de peso. Del que es tonto y trabajador hay que protegerse; en ese no se puede delegar ninguna responsabilidad, pues siempre causará alguna desgracia”.

Ya ve, ese toque de vagancia que le achacan sus amigos puede que tenga su punto. Si le pinchan al respecto, siempre puede ofrecerles tan interesante argumento o, también, endiñarles un par de frases célebres al respecto. La de Bill Gates le va como anillo al dedo: “Siempre voy a elegir a una persona perezosa para hacer un trabajo difícil porque él encontrará una manera fácil de hacerlo”. Y con la de Oscar Wilde rematará la faena: “No hacer nada es lo más difícil en el mundo, lo más difícil y lo más intelectual”.

Pero no se pase. Porque aunque tenga usted una NDC de un par de vagones de tren y una inteligencia como la de Einstein, eso no quita que, si no se mueve nada, vaya a acabar siendo un cerebrito sedentario con un montón de problemas de salud debido a su inmovilismo. Siga pillando la idea si ve que le encaja, pero no se olvide de su masa muscular. Más que nada porque eso no sería, en absoluto, digno de su brillante inteligencia.

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Autor:

Bioquímica, profesora de biología y geología

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