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“A la gente le hablan de uranio y cree que si abren una mina todo el mundo va a tener un cáncer”

LOLA PEREIRA | GEÓLOGA

La profesora de la Universidad de Salamanca será la primera presidenta del comité de publicaciones de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas en su historia

La semana pasada, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas nombró a la española Lola Pereira (Salamanca, 1963) presidenta de su Comité de Pubicaciones. Será la primera mujer en ocupar ese cargo en los 57 años de historia de la institución. Desde su cargo podrá impulsar el conocimiento de la geología a nivel mundial, una labor que considera fundamental, porque la geología “es parte de nuestra vida diaria”. Por ese motivo está preocupada por la falta de nuevos estudiantes en las universidades y en particular en la suya, la de Salamanca. “Cada vez son menos y eso significa que algo estamos haciendo mal, porque los humanos somos curiosos y cada vez que hay un terremoto o se produce la erupción de un volcán tenemos interés por saber qué está pasando”, explica. “Sin embargo, no hay nuevos estudiantes de geología y en España estamos viendo que las principales empresas de minería, por ejemplo, son de Australia y muchos de sus empleados vienen también de fuera”, añade.

En una sala del Museo Geológico Minero de Madrid, entre fósiles de hace 500 millones de años, explica cómo las dificultades para explicar al público lo que hacen los geólogos tiene consecuencias prácticas “En Salamanca hay una empresa australiana con todos los permisos concedidos para explotar una mina de uranio con recursos importantes, pero no puede hacerlo porque tiene un enfrentamiento con parte de la sociedad. “A la gente le hablan de uranio y cree que si abren una mina todo el mundo va a tener un cáncer y se va a morir, cuando el uranio está ahí desde siempre. Lo que hace falta es mejorar la comunicación y explicarles por qué es importante la minería”, asegura.

Pregunta. ¿El caso del almacén de gas del proyecto Castor, que provocó pequeños terremotos en la zona de Castellón, fue un caso que se podría haber evitado con mejor comunicación?

Cuando se tiene información, se descarta uno de los problemas más graves, que es el miedo a no saber

Respuesta. Fue todo. En primer lugar, la gente no sabía. Imagina que estás en una zona estable, que no tiene problemas de movimientos sísmicos, y de repente, sin que sea algo catastrófico, empiezas a notar que tu casa vibra y te empiezas a enterar de que a lo mejor puede ser por unos trabajos que están realizando en el mar. Entonces la gente se pregunta por qué no sabe. Porque, si la gente sabe, aunque tengan la capacidad luego de protestar o debatir, es diferente. Cuando se tiene información, se descarta uno de los problemas más graves, que es el miedo a no saber.

Pero el proyecto Castor tuvo problemas de todo tipo. A mí me parece una barbaridad lo del Castor, como lo del fracking dentro de la península, donde también se han hecho cosas sin informar a la gente. Y con tantísimo dinero público

P. ¿Pero además de no informar, también hay problemas de planificación?

R. Está claro que tiene ciertos riesgos, porque en el momento que tocas un sustrato y mucho más dentro del mar, que no se conoce tanto, igual el terreno no va a responder como tú piensas que va a hacerlo. Si no has dado la información, no hay buenos estudios y no has seguido los consejos de los profesionales, se te va a caer el proyecto por todos los sitios. A los de ACS les da igual, porque como les van a devolver el dinero, pero para los demás es un problema.

P. ¿Hay nuevos recursos minerales que estén despertando interés?

A mí me parece una barbaridad lo del Castor, como lo del fracking dentro de la península, donde se han hecho cosas sin informar a la gente

R. Hay muchos recursos que se estaban trayendo de otros países y ahora estamos viendo que también los podemos encontrar aquí. La ventaja de hacerlo aquí es que además de riqueza para Europa, evitamos los problemas que se están provocando en África, donde hay guerras para extraer los recursos. Ahora la gente que hace ciencias de la tierra está viendo que contamos con materiales geológicos de donde podríamos extraer todo eso con una calidad medioambiental y de respeto a los trabajadores mucho mejor

P. ¿Qué tipo de minerales serían?

R. Lo que más le sonará a la gente son los diamantes o las esmeraldas como piedras preciosas y como materiales que se utilizan en las nuevas tecnologías. Pero también está el coltán, que se explota en África y produce guerras. Hay que hacer unos estudios específicos, ver dónde se acumulan estos elementos, ver si tenemos las tecnologías desarrolladas para una extracción compatible con el medio ambiente… La tendencia es a intentar generar riqueza en los lugares donde se produce la extracción.

P. Por lo que sucede con minerales como estos, la minería tiene una imagen bastante mejorable.

R. En España ha habido muy mala imagen porque no se han sabido explicar las cosas desde el principio. Cuando se estudiaban las posibilidades de que se abriese una mina o algún tipo de extracción de recursos, se mantenía oculto. No se daba información a los vecinos y se despertaban suspicacias. Después se abría una mina de uranio y los vecinos pensaban que si les habían ocultado la información era porque había algo malo. Lo fundamental sería ofrecer la información desde el principio para implicar a la población local desde el principio. Ahora, Europa no te concede ningún proyecto si no pones un apartado amplio diciendo cuáles son los beneficios sociales de un proyecto y cómo se va a comunicar.

P. También es vicepresidenta de AMIT (la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas). ¿Cómo está la presencia de mujeres en geología?

R. Está mejorando, cada vez hay más mujeres. Yo en Salamanca doy clase en geología y en ingeniería geológica. Y en ingeniería hay poquísimas mujeres. Los roles son fundamentales para cambiar la situación, que las niñas vean que hay mujeres ingenieras, que están en puestos elevados, que tienen representantes y eso es lo que estamos trabajando.

En este sentido, hay algo importante que son las cuotas. La cuota quiere decir que ponemos a tres hombres y tres mujeres y vemos los curriculum, y ponemos a un hombre y una mujer con la misma preparación. Eso es la cuota, que no quiere decir que te apoyen sin méritos. Eso sería enchufismo.

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Vídeos: Universo secreto, viaje al interior de la célula/ Plasticidad neuronal/ Anatomía de una neurona/ Redes: Mentes conectadas

Docufilia – Universo secreto, viaje al interior de la celula from Neuro-Mnemosine on Vimeo.

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Francis Mojica, la fabada, los Nobel y Crispr-Cas9

Por @Wicho — 6 de Octubre de 2017

 

A veces vas a hacer un cocido y te sale una fabada, es lo que tiene la ciencia.          – Francis Mojica.

En los últimos años se ha hablado mucho de Michelle Charpentier y Jennifer Doudna como creadoras del método de edición de ADN conocido como Crispr-Cas9, por el que entre otras cosas han recibido un Premio Princesa de Asturias.

Es una técnica más rápida, barata y precisa que las anteriores. De las tres la precisión es la característica más relevante, pues nos da una herramienta más precisa que las anteriores para editar la información genética de una célula. Un ejemplo que suelo utilizar es que es como si en vez de tener que reparar el mecanismo de un reloj a martillazos ahora dispusiéramos de destornilladores, aunque quizás no aún destornilladores de relojero.

Pero el trabajo de Charpentier y Doudna se basa en el descubrimiento del mecanismo en sí por parte de Francis Mojica, quien este año estaba en las quinielas del Nobel de medicina y del de química por el descubrimiento, aunque finalmente no se llevó ninguno de ellos.

Mojica trabajaba a principios de los 90 con unas bacterias que viven en las salinas de Santa Pola llamadas Haloferax mediterranei para estudiar cómo reaccionaban a la salinidad del entorno cuando, casi por accidente, descubrió que eran capaces de incorporar a su propio ADN el de otras bacterias o virus que las atacan para inmunizarse contra ellos.

 Es uno de estos casos en los que la investigación básica –esa que muchos cometen el error de preguntar para qué sirve– nos ha levado a un descubrimiento con consecuencias potencialmente asombrosas.

Hay una muy buena entrevista con Mojica en «Hoy día, dar el Nobel a tres personas se queda corto seguro» en la que habla de cómo se produjo su descubrimiento, de investigación básica, y de cómo gestiona uno eso de ser «favorito» en la carrera por los Nobel.

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Científicos logran producir anticuerpos humanos específicos en laboratorio

Un grupo de investigadores ha logrado un método para desarrollar rápidamente anticuerpos humanos específicos en el laboratorio que puede ayudar a combatir enfermedades infecciosas y otras como el cáncer, según un artículo divulgado en la revista “Journal of Experimental Medicine”.

Este hallazgo podría acelerar la producción de anticuerpos para tratar un amplio espectro de enfermedades y facilitar el desarrollo de nuevas vacunas, indicaron los científicos.

La investigación fue liderada por el doctor argentino Facundo Batista, del Francis Crick Institute de Londres.

“En particular, debería permitir la producción estos anticuerpos en un periodo de tiempo más corto in vitro y sin la necesidad de vacunación o donación de sangre de personas recientemente infectadas”, apuntó Batista.

Actualmente, el método de desarrollo de vacunas implica la toma de muestras de la enfermedad y la creación de un antígeno mediante el crecimiento de los virus en células primarias, lo que supone conseguir estas muestras de donantes infectados y aislar luego el antígeno de las células usadas para crearlo.

Los investigadores liderados por Batista han logrado replicar este proceso en el laboratorio al producir anticuerpos específicos de estas células aislados de las muestras de sangre.

Pequeños fragmentos de ADN

Sin embargo, y además del encuentro con un antígeno concreto, las células necesitan una segunda señal para empezar a desarrollar estos anticuerpos, algo que puede conseguirse por pequeños fragmentos de ADN llamados CpG oligonucleótidos, que activan una proteína llamada TLR9.

Para ello, los científicos consiguieron producir anticuerpos específicos gracias al tratamiento de células impregnadas con nanopartículas con CpG oligonucleótidos y el antígeno apropiado en unos pocos días en el laboratorio.

Como consecuencia, el procedimiento no depende de que los donantes hayan sido expuestos a estos antígenos previamente, y se logró como ejemplo generar anticuerpos contra el VIH desde células aisladas por pacientes sin VIH.

Efefuturo

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“Saber de dónde provienen sus genes puede salvarle la vida”

Lluís Quintana Murci, genetista, director científico del Instituto Pasteur de París

Tengo 47 años: me siento mejor que a los 30 y mi abuela tiene 100, así que puedo llegar a ser muy feliz. Soy mallorquín, ahora francomallorquín y parisino, pero genéticamente de Oriente Medio. Y si me voy a investigar a algún otro sitio, será a Barcelona. Colaboro con la Fundació La Caixa-Palau Macaya

Genetistas generosos

La raza es una ilusión y toda pureza, una mezcla olvidada. Tampoco hay ni habrá genomas perfectos, porque el medio va cambiando y con él los genes, siempre tratando de adaptarse. Quintana busca qué genes y de qué poblaciones han dejado huella en nuestro genoma. Saberlo puede salvarnos la vida o ayudarnos, simplemente, a adelgazar. Y es que el gen que salvó a sus ancestros de morir de hambre hoy le predispone a engordar o el que les salvó de la malaria le hace a usted propenso a la anemia. Los arqueólogos de la genética rastrean nuestras herencias hasta los neandertales para saber de qué genes estamos hechos, cómo se expresan en nosotros y cómo lograr que nos sirvan. Son genetistas generosos para evitar genes egoístas.

Si descifro mi genoma, ¿sabré de qué puedo enfermar?

Bueno, no es tan sencillo. Veamos: nosotros somos los descendientes de los humanos que sobrevivieron a la peste, la tuberculosis, la gripe…

¿Y de qué nos sirve saberlo?

Eso quiere decir que estudiando la historia de nuestra genética, la genética de las poblaciones, podemos discernir en nuestro genoma los genes que nos han ayudado a sobrevivir a los patógenos y a las enfermedades infecciosas.

¿Cada vez tenemos mejores genes?

Mejores genes…¿para qué entorno? ¿Frente a qué enfermedades? No olvide que el medio va cambiando. El gen que ayudó a vencer un virus en la prehistoria hoy es un lastre frente a otro patógeno. El camino no es el de la perfección, sino el de la adaptación continua.

El gen que hizo resistente a tus ancestros en las hambrunas hoy te hace obeso.

Por eso no habrá nunca un ser humano genéticamente perfecto, porque cuando se adaptara a un medio, el medio ya habría cambiado.

¿De qué poblaciones estudian los genes?

De las actuales de europeos, africanos y asiáticos podemos reconstruir su genoma y discernir su procedencia.

Son ustedes arqueólogos genéticos.

Así podemos saber cómo se mezclaron nuestros antepasados y cómo se adaptaron a los climas que iban encontrando, los entornos y las enfermedades…y aplicarlo a la medicina hoy.

Si paramos a alguien en la calle y miramos su genoma, ¿encontraríamos todo eso?

Es una información de la que la gente no sabe que es portadora, aunque sea valiosa para su salud y bienestar. Y puede salvar su vida.

¿Cómo?

Un ejemplo que viví fue el de un estudiante de genética americano que desarrolló un cáncer y fue sometido a quimio, pero tuvo una recaída y meses después otra, y le dieron una probabilidad sobre diez de sobrevivir…

…Pero convenció a sus compañeros de laboratorio de que secuenciaran su genoma y en él detectó un gen que no estaba bien expresado y por eso la quimio no le estaba haciendo efecto. Así después pudieron adaptar el tratamiento a esa peculiaridad genética y salvar su vida.

Si todos secuenciáramos nuestro genoma, supongo que habría sorpresas.

Para empezar, que nuestros genes suelen provenir de poblaciones distintas de las que creemos pertenecer.

¿Usted es genéticamente mallorquín?

Para nada. Mi genoma proviene de Oriente Medio. Soy más bien oriental. Pero la genética es sobre todo una mezcla.

Y toda pureza es una mezcla olvidada.

Y a menudo desaparecida. Nosotros debemos al neandertal, por ejemplo, gran parte de nuestro sistema inmunológico…

¿Y eso es bueno o malo?

Ya le he dicho que nadie será nunca perfecto, porque las circunstancias van cambiando y lo único posible es ir adaptándonos. Tener un sistema inmunitario muy combativo era eficiente en la prehistoria para los neandertales, pero hoy en un medio a menudo muy aséptico como el que vivimos…

Todo está mucho más limpio, claro.

Acaba por convertirse en un foco de alergias, es decir, de enfermedades autoinmunes e inflamaciones, porque ya no necesitamos tanta protección y el sistema reacciona en exceso.

¿Y la arqueología de cada genoma puede descubrir nuestras alergias?

Sirve para prevenir muchas enfermedades y mejorar la respuesta clínica que les damos.

¿Medicina personalizada?

Yo prefiero hablar de medicina de precisión, porque personalizada da la falsa impresión de que la adaptamos a cada persona. En cambio, medicina de precisión significa que usamos lo que sabemos sobre tus bases genéticas y tus características, además del tipo de vida que llevas y otros factores, para anticipar cómo reaccionarás a un tratamiento.

Por ejemplo.

El centre Pasteur está muy interesado en la medicina de precisión en las vacunas.

Es su tradición investigadora.

Es decir, cómo la herencia genética de cada uno nos hace responder de manera diferente a cada vacuna. Aunque la mayoría responda bien, también hay quien responde poco o demasiado. Pero a las grandes farmacéuticas esa medicina de precisión no les gusta.

¿Por qué?

Porque lo rentable es el one shot for everybody: el mismo pinchazo para todos.

¿Falta mucho para la medicina de precisión generalizada?

Hace poco el genoma se tenía que estudiar a trozos y era carísimo. Hoy por 1.000 euros lo puedes tener entero y en seis meses se podrá conseguir por sólo 700 euros. Es una realidad.

¿En eso andan ustedes?

Nosotros estamos en la fase de producción masiva de genomas complejos de poblaciones humanas para relacionar esa diversidad genética heredada con sus fenotipos, con el modo en que se expresan en los individuos. Eso haremos durante los próximos diez años.

¿Qué utilidad tiene?

Saber la expresión última de la diversidad genética y cómo nos hace más altos, bajos, gordos, propensos a enfermedades o resistentes a algunos medicamentos.

Leer en La Vanguardia

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Resuelven el misterio de por qué envejecemos Por: Sarah Romero

¿Por qué no evolucionamos para vivir para siempre? Este es el motivo.
Científicos del Instituto de Biología Molecular de Mainz (Alemania) han hecho un gran avance en la comprensión del origen del proceso de envejecimiento, pues han descubierto que los genes pertenecientes a un proceso llamado autofagia –una fase esencial para la renovación celular- promueven la salud y la aptitud en los gusanos jóvenes, pero impulsan el proceso de envejecimiento en periodos posteriores.

Esta investigación nos ofrece así algunas de las primeras pruebas claras de cómo surge el proceso de envejecimiento, casi como un capricho evolutivo. Estos hallazgos también pueden tener implicaciones más amplias para el tratamiento de trastornos neurodegenerativos como el alzhéimer, el párkinson y la enfermedad de Huntington, donde está implicada la autofagia.

Los expertos, demostraron en un experimento con gusanos, que al promover la longevidad a través del cierre de la autofagia, se producía una fuerte mejora en la salud de todo el cuerpo neuronal y móvil en los gusanos más viejos.

¿Por qué existe el envejecimiento? ¿La evolución no debería haberse encargado de ello?

Como Charles Darwin explicó en su momento, la selección natural conduce a individuos más aptos para un entorno dado de cara a sobrevivir a la raza y transmitir sus genes a la próxima generación. Cuanto más fructífero sea un rasgo que promueva el éxito reproductivo, más fuerte será la selección para ese rasgo.

Siguiendo esta teoría, la selección natural debería dar lugar a individuos con rasgos que previenen el envejecimiento ya que sus genes podrían transmitirse casi continuamente, asegurando la transmisión de genes a siguientes generaciones. Sin embargo, estamos ante una contradicción evolutiva sobre la que se ha teorizado desde el S. XIX.

En 1953 George C. Williams proporcionó una hipótesis interesante que planteaba que el envejecimiento podía aparecer en una población de forma evolutiva si ciertos genes promueven el éxito reproductor en la juventud, pero luego tienen efectos negativos respecto al envejecimiento (pleiotropía antagónica); esto es, mientras los efectos negativos de las mutaciones que promueven el envejecimiento se den después de la etapa reproductora, la evolución corre un tupido velo ante estas consecuencias sobre la longevidad.
En resumen, si una mutación genética da como resultado más descendencia, pero acorta la vida, está bien.
Si bien esta teoría había sido demostrada matemáticamente y sus implicaciones demostradas en el mundo real, no existía evidencia científica que lo corroborase. Hasta ahora.
“Estos genes de pleiotropía antagónica no habían sido encontrados antes porque es increíblemente difícil trabajar con animales viejos. Fuimos los primeros es averiguar cómo hacer esto a gran escala”, comenta Jonathan Byrne, coautor del trabajo.
Analizando exclusivamente el 0,05% del genoma de gusanos, los científicos encontraron 30 genes que operan de modo antagonista (por lo que debe haber muchísimos más). Se trata de los primeros genes confirmados que promueven el envejecimiento única y específicamente en gusanos viejos.
Los expertos pudieron retroceder hasta la fuente de estas señales pro envejecimiento, localizándolas en el tejido neuronal. Al probar a desactivar estos genes en gusanos adultos se producía una fuerte mejora en el estado neuronal y en la salud de todo el cuerpo en general, lo que alargó la vida de los gusanos hasta un 50%.
“Imagine llegar a la mitad del camino en su vida y obtener una droga que le deje tan en forma y móvil como alguien de la mitad de su edad viviendo más tiempo, eso es lo que es para los gusanos”, comenta Thomas Wilhelm, coautor del estudio.
Aunque los autores aún no conocen el mecanismo exacto que provoca que las neuronas permanezcan saludables por más tiempo, este hallazgo podría tener implicaciones reales.

Leer en MuyInteresante.es

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Francisco Mojica recibe el galardón de Medicina más prestigioso de EEUU

El investigador de la Universidad de Alicante ha sido premiado por la creación de un notable sistema de edición de genes

El investigador español y profesor de la Universidad de Alicante (UA) Francisco Mojica ha sido galardonado con el Premio Albany, considerado el más prestigioso de los Estados Unidos en el ámbito de la Medicina.

Según ha informado la UA en un comunicado, Mojica ha sido uno de los cinco seleccionados para recibir el Albany Medical Center Prize in Medicine and Biomedical Research for 2017, el más prestigioso de Estados Unidos y uno de los más importantes del mundo, en Medicina e investigaciones biomédicas.

Los cinco investigadores (Mojica, Emmanuelle Charpentier, Jennifer Doudna, Luciano Marraffini y Feng Zhang) han jugado un papel destacado “en la creación de un notable sistema de edición de genes que ha sido llamado el ‘descubrimiento del siglo'”, según las mismas fuentes.

El premio reconoce las importantes contribuciones que han llevado a cabo los cinco premiados en el desarrollo de CRISPR-Cas9, una tecnología de ingeniería genética que aprovecha un proceso natural del sistema inmune bacteriano.

La tecnología ha revolucionado la investigación biomédica y ha proporcionado nuevas esperanzas para el tratamiento de enfermedades, principalmente las que tienen un componente genético.

El premio se entregará en próximo 27 de septiembre en una ceremonia que tendrá lugar en Albany, Nueva York.

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Los océanos se asfixian

Los mares lanzan señales de alerta cada vez más inquietantes sobre el impacto humano. Está en riesgo el equilibro del planeta y la vida tal y como la conocemos

uede que a un urbanita europeo medio —que no bucee— le resulte muy ajeno el problema de la desaparición y el deterioro de los arrecifes de coral en lugares como Maldivas. O le digan poco las noticias sobre la subida del nivel del mar que se traga literalmente países insulares como Kiribati, en el Pacífico. Pero la situación es preocupante: en los océanos, por ejemplo proliferan inmensas zonas muertas en las que la falta de oxígeno no permite la vida. El año pasado, un estudio señalaba que un tercio del pescado capturado en Reino Unido contenía plástico. Y muchas de las piezas de sushi favoritas de ese ciudadano ordinario están en peligro de desaparecer de los mostradores.

“El océano nos está hablando. Antes no lo sabíamos, pero ahora vemos las señales”, señalaba con gravedad la veterana oceanógrafa Sylvia Earle el mes pasado en Nueva York, donde asistió a la primera Conferencia de los Océanos organizada por Naciones Unidas. “Ya era hora de tener una reunión sobre el estado de la mayor parte del mundo”, añadía. Los mares, los océanos, o el Océano con mayúsculas, representan alrededor del 71% de la superficie del planeta, pero son el 99% de la biosfera, es decir, del espacio donde se desarrollan los seres vivos. “Hasta ahora hemos recurrido a ellos como un cubo de la basura ilimitado o una fuente inagotable de recursos”, denunciaba Earle ante miles de diplomáticos y expertos.

“Hace siglos que las sociedades desarrolladas no van por sus territorios tomando y cazando todo lo que encuentran. Cultivan, pastorean, producen… Sin embargo, en el mar lo seguimos haciendo: nos apropiamos de los recursos sin preocuparnos de las consecuencias, o pescamos animales a veces hasta extinguirlos”, coincide Murray Roberts, catedrático de Biología Marina Aplicada de la Universidad de Edimburgo. Más del 31% de los recursos pesqueros se sobreexplotan a niveles que no permiten su recuperación, según los últimos datos de la FAO, la agencia de la ONU para la alimentación y la agricultura. “La población mundial se ha triplicado en los últimos 40 años” y, con ella, la demanda de pescado y las presiones sobre los bancos de peces, explica Pedro Barros, experto de la agencia internacional. Y prácticas como la pesca ilegal o no registrada — que pueden suponer hasta 26 millones de toneladas anuales— o la de arrastre empeoran la situación.

Como en el caso del amante del sushi, que ve cómo sus platos favoritos se desvanecen de las cartas, la reducción de la cantidad y la variedad de la pesca es una de las señales de alerta de los mares que más llegan a los ciudadanos y, a través de ellos, a los políticos. Pero la sobreexplotación no es lo único que pone en peligro el futuro del océano como fuente de alimento. Vertidos de todo tipo y la contaminación —algunas estimaciones prevén que en 2050 habrá más plástico que peces en el océano— generan una interminable lista de amenazas para los peces que comemos, y para los demás organismos que forman la cadena alimentaria.

Pasará una sola generación, según algunos expertos, antes de que la desaparición de ciertos pescados en los menús muestre la tragedia

Por ejemplo, el uso excesivo de fertilizantes y nutrientes, que llegan al mar con la escorrentía de las aguas, dispara el crecimiento de algas y plantas marinas. Esa proliferación acaba por matar a muchas de ellas, y el oxígeno de las aguas afectadas se agota. Este fenómeno, conocido como eutroficación, da lugar a zonas muertas (hay más de 400 en el mundo), como la del mar Báltico o la de 13.500 kilómetros cuadrados en el golfo de México, donde desemboca el río Misisipi cargado de fósforo y nitrógeno de las plantaciones del Medio Oeste estadounidense.

Y luego está la madre del cordero (o del atún) de la degradación mediambiental: el cambio climático. El aumento de las emisiones de CO2 eleva la temperatura del planeta, derrite glaciares y hace que el nivel del mar se eleve, amenazando la existencia misma de ciudades costeras como Shanghái (China), Bombay (India), Lagos (Nigeria), o de archipiélagos como el ya mencionado Kiribati, cuyo presidente prevé evacuaciones masivas para 2020. Pero el efecto de los gases sobre los mares es más directo. “No olvidemos que asumen el 90% del calentamiento generado por el ser humano, y absorben directamente el 25% del dióxido de carbono que emitimos”, apunta Roberts. Y aquí el océano, ese regulador de la temperatura y los ciclos climáticos que la Tierra trae incorporado, puede entrar en un círcu­lo vicioso.

La situación es preocupante. Proliferan en los océanos inmensas ‘zonas muertas’ en las que la falta de oxígeno no permite la vida

La cantidad de CO2 que el océano puede asumir depende de la temperatura de sus aguas. A más frío, más absorción, y viceversa. Por eso, y dado el aumento de las temperaturas —en los últimos 25 años los mares europeos se han calentado 10 veces más rápido que la media del siglo pasado—, la mayoría de expertos defienden que la capacidad marina de almacenamiento de dióxido de carbono se reducirá. Y si la atmósfera sufre ese menor esfuerzo de captura por parte del cuerpo oceánico, el ciclo del calentamiento global se verá exacerbado.

Por si fuera poco, el aumento del CO2 que se disuelve en las aguas da lugar a una serie de reacciones químicas conocidas como acidificación. “Estas tienen un efecto comprobado en los animales marinos con esqueleto calcáreo, como almejas, ostras, erizos, gambas… No les permite desarrollarlo y puede hacerlos desaparecer”, ilustra Yoshihisha Shirayama, experto de la Universidad de Kioto y de la Agencia Japonesa para la Ciencia Marina (Jamstec). También se han verificado impactos de la acidificación en especies comerciales, como el bacalao noruego. “Da lugar a una gran mortalidad entre los alevines, lo que hace que los bancos no se repueblen tan rápidamente, y eso podría obligar a reducir su pesca”, advierte Martina Stiasny, de la Universidad de Kiel (Alemania).

En la mayoría de los casos, la ciencia tras estos diagnósticos y predicciones es relativamente reciente y novedosa, circunstancia que los escépticos aprovechan para poner en duda los vaticinios pesimistas. “Lo que es un hecho es que estas cosas están pasando. De una u otra forma estamos alterando todo el ecosistema marino. La desa­parición del coral o de las esponjas sin duda tendrá efectos en las especies que las necesitan para vivir. Y la cadena se extiende hacia arriba”, dice Roberts. Las esponjas, por ejemplo, cumplen funciones de bombeo y procesamiento de nutrientes en las capas inferiores del océano. Así que su desaparición afectaría al sistema en conjunto. “Todo está profundamente interconectado”, zanja el experto escocés, que trabaja en Atlas, un proyecto de investigación de las profundidades del Atlántico Norte financiado conjuntamente por Estados Unidos, la UE y Canadá.

Porque aunque se estima que el 95% del volumen del océano continúa inexplorado, la tecnología avanza a pasos agigantados con la introducción de robots submarinos y un creciente interés humano y económico por lo abisal. “Sabemos más de lo que hemos sabido nunca”, se felicita Stiasny. “Conocemos lo que podemos hacer y hemos visto cosas que funcionan”, añade la experta. Todo ello pese a las dificultades que implica trabajar en zonas recién descubiertas, y la ausencia de datos anteriores que permitan hacer comparaciones. Pero su colega británico Roberts hace autocrítica y llama a “no seguir haciendo el mismo tipo de estudios todo el tiempo”.

En la conferencia de junio en Naciones Unidas se vio que por todas partes florecen centenares de iniciativas para, por ejemplo, reducir el uso del plástico y otros desperdicios arrojados a los mares —como las redes de pesca abandonadas que acaban con cientos de animales marinos—. También se atacan otros problemas, como la contaminación acústica, que perjudica a numerosas especies, o se pide regular cuidadosamente las perforaciones y la extracción de minerales en el lecho oceánico. Y se presentan pruebas de que una década de gestión cuidadosa de una especie muy pescada (de nuevo el bacalao, en este caso el del Ártico oriental) ha permitido que los bancos se recuperen, las capturas alcancen cifras récord y la industria local reviva sin riesgos de extinción, según destaca Barros, de la FAO.

Pero las medidas aisladas o localizadas, aunque sean más que bienvenidas como primeros pasos (hay quien defiende que gota a gota se hace el mar), se antojan insuficientes para la mayoría. Son necesarios cambios profundos y globales en los patrones de pesca, pero también, y principalmente, de consumo energético, de prácticas agrícolas e industriales, y de transporte.

Los oceános representan el 99% de la biosfera del planeta. Cubren aproximadamente el 71% de la superficie de la Tierra, pero suponen casi la totalidad del espacio en el que se desarrollan los seres vivos.

Por eso, la principal dificultad para acometer esas transformaciones, coinciden todos los consultados, reside en hacer visibles las amenazas más difusas para arrastrar la conciencia social y la voluntad política. “En la conferencia de Nueva York, por ejemplo, se habló mucho de acabar con los plásticos. Es algo que se ve, a nadie le gusta y no afecta a los derechos de pesca ni a grandes temas geopolíticos. Pero no podemos ignorar otras cuestiones más complicadas”, ruega Roberts. Hay que ir a por todas a la vez. “No podemos priorizar unas cosas sobre otras, porque están todas relacionadas. Atacar el cambio climático no puede ir antes que la sobrepesca. Debemos ir trabajando en todas ellas”, coincide Stiasny, la experta en acidificación.

Se estima que un 95% del volumen de mares y océanos permanece inexplorado. Pese a los avances tecnológicos, que han permitido llegar incluso a las profundidades de las Fosas de las Marianas, gran parte del cuerpo marino sigue siendo prácticamente desconocido.

El océano es de todos y de nadie. Y ese carácter condominial supone un escollo —otro más— a la hora de adoptar soluciones. El 67% de la superficie marina está fuera de la jurisdicción nacional, por lo que protegerla precisa recurrir a la exasperante maquinaria de las organizaciones y tratados internacionales. Conferencias como la de Nueva York pueden ayudar, y hay buenas noticias en la preparación de un tratado para proteger la biosfera compartida, pero el reloj apremia.

Hay más de 400 ‘zonas muertas’ en todo el mundo. El vertido de nutrientes procedentes de la agricultura y otras actividades industriales da lugar a zonas sin apenas oxígeno.

Alguien podría preguntarse por qué ahora. ¿Por qué de pronto los océanos se han convertido en una urgencia, como hace unas décadas comenzaron a serlo los bosques? Roberts opina que se debe a la coincidencia en el tiempo, por un lado, de una serie de eventos preocupantes, y, por otro, al aumento de la conciencia social sobre el medio que nos rodea.

Tres de cada 10 especies pescadas están sobreexplotadas. El 31% de los recursos pesqueros sufren una presión que no les permite repoblarse, según datos de la FAO.

En cuestiones planetarias o climáticas como la degradación oceánica o la acidificación, el tiempo escasea si se trata de evitar daños irreversibles. Pasará una sola generación humana, según Shirayama, antes de que el cambio forzoso de los menús de los puestos de sushi confirme la tragedia en los centros urbanos modernos. En otros lugares más recónditos ya hay pruebas de ello: la huella de la humanidad y su contaminación ha llegado incluso a las fosas de Las Marianas, el punto más profundo del océano. “Y el tiempo de recuperación de esas áreas hay que medirlo en siglos, cuando no en milenios”, indica Kristina M. Gjerde, asesora de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).

“No podemos aspirar a que el océano vuelva a ser lo que era hace 100 años. Ni es realista, ni estoy segura de que sea lo que queremos”, señala Stiasny. “Pero sí necesitamos un océano sano que, además de conectar el mundo, sirva como fuente de alimento y medio de vida para millones de personas”. Los que más sufrirán las consecuencias, avanza Roberts, serán las poblaciones de países en desarrollo y de Estados insulares… Parece avecinarse una tormenta perfecta que la humanidad sigue alimentando, pero los estudiosos piden no ser excesivamente pesimistas. “El problema de centrarnos en el apocalipsis es que nos distraemos y no nos ocupamos de la acción”, argumenta Pedro Barros, el experto pesquero de la FAO.

Actuar es obligatorio. “Siempre decimos que queremos salvar el planeta, los bosques o los mares… Es ridículo. La pregunta es si los humanos podremos sobrevivir en el mundo que estamos modelando…”, insiste Stiasny. Un mundo del que alteramos por completo ese componente básico que es el océano: el que genera oxígeno, almacena carbono, define la química del planeta, regula la temperatura, dirige el clima y nos da de comer.

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