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El arte de coleccionar elementos químicos

O cómo materializar la tabla periódica, un fenomenal constructo científico y un paraíso para el experimentador inquieto.

ecía el extraordinario Jorge Wagensberg, divulgador científico y museólogo de prestigio internacional, que la tabla periódica pergeñada por Dmitri Mendeléiev hace ahora 150 años es uno de los mayores logros intelectuales de la ciencia contemporánea. Admiraba esa forma de resumir en una simple hoja de papel el vasto corpus de conocimiento necesario para describir los elementos químicos y sus propiedades. Quien esto escribe no puede estar más de acuerdo.

Pero mi admirado profesor Wagensberg también solía decir que una colección de elementos químicos no era más que un contenedor con piedrecillas de colores más o menos aburridas. En eso, en cambio, nunca he estado de acuerdo. Y aprovecharé que este año celebramos el 150 aniversario del nacimiento de la tabla periódica para demostrarlo científicamente. El coleccionismo de elementos químicos ofrece una maravillosa puerta de entrada a la belleza, material e intelectual, de la química, nos permite descubrir las propiedades de los mismos, ensayar su comportamiento y desarrollar nuestra percepción sensitiva. Desgranaremos estos aspectos a lo largo del texto.

Vayamos por partes. Para formar los casi 10.000 minerales que existen en nuestro planeta, las innumerables moléculas orgánicas que componen las formas vivas y los millones de compuestos artificiales que empleamos en el mundo contemporáneo tan solo son necesarios poco más de noventa tipos de átomos con los que la naturaleza nos ha obsequiado. Mendeléiev tuvo la genial intuición de agruparlos, según su comportamiento y propiedades, en un infograma: la tabla periódica de los elementos químicos. Con el paso del tiempo, esta se ha enriquecido con nuevos conocimientos hasta convertirse en un potente mapa visual de la estructura atómica.

En esta ocasión, nuestro objetivo será coleccionar muestras —cuanto más puras, mejor— del mayor número posible de elementos y hacerlo de forma que se convierta en una experiencia estimulante y formativa. Expliquémonos. Podríamos caer en el error de solventar el tema a golpe de tarjeta de crédito, ya que lo más cómodo y rápido sería comprarlos de una vez en Internet —se venden muestras espectaculares perfectamente envasadas— o en alguna tienda de material de laboratorio o productos químicos. Pero eso sería poco enriquecedor y muy, muy caro. Por otro lado, si al elemento químico le sumamos ejemplos de sus fuentes de obtención y aplicaciones, obtendremos una auténtica enciclopedia elemental. Ilustremos este punto con un ejemplo.

El cobre es un elemento abundante, fácil de conseguir y con importantísimas aplicaciones. Como muestra del elemento puro podemos hallar sin dificultad un buen trozo de barra prismática en algún taller de electricidad industrial. También podemos obtener el cobre a partir de un amplio abanico de minerales. En cuanto a las aplicaciones, se utiliza, sobre todo, para el suministro eléctrico, la refrigeración, la conducción de agua en el ámbito doméstico y la preparación de aleaciones como el latón o el bronce.

A menudo, cuando alguien se propone confeccionar una colección de elementos me pregunta por dónde empezar. La respuesta es simple: hallaremos muestras de elementos químicos puros básicamente en cuatro ámbitos o, lo que es lo mismo, explorando cuatros grandes «yacimientos». Comenzaremos por lo cercano y avanzaremos hacia lo abstracto.

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Nuestra primera expedición será de andar por casa. Tanto en nuestro hogar como en comercios de proximidad podemos proveernos de un buen número de especímenes de elementos prístinos; eso sí, en forma de aplicación, casi nunca en bruto. En el joyero encontraremos oro y plata casi puros. En el estudio, carbono (en el lápiz de grafito), wolframio (en el filamento de una bombilla antigua) e iridio (en la punta de una pluma estilográfica). En la cocina, aluminio (en forma de papel) y cobre (en forma de cable eléctrico). Y en el botiquín, quizá mercurio (en aquel viejo termómetro que deberíamos sustituir por uno menos tóxico). Sin salir de casa podemos localizar entre 10 y 15 elementos químicos.

Salgamos ahora a la calle. En la tienda de recambios de automóvil encontraremos iridio y platino (en los electrodos de una bujía). En la carpintería metálica, aluminio, hierro y cobre (en forma de perfiles). En la ferretería, tornillos cromados, niquelados, zincados y cadmiados, que, sin ser muestras macizas de cromo, níquel, zinc ni de cadmio, sí permiten descubrir el color de estos elementos. En la fontanería encontraremos plomo y estaño puros (en forma de varillas). En la droguería, azufre. En una tienda de productos de seguridad, americio (en los detectores de humo por ionización). En la farmacia, yodo. En establecimientos dedicados a tatuajes y piercings, titanio y niobio (en los adornos corporales). Y en las tiendas de esoterismo o minerales, bismuto, silicio y carbono vítreo (se venden como pseudominerales), además, claro está, de los minerales que ya de por sí constituyen muestras de elementos relativamente puros de origen natural.

Pasemos ahora a los elementos o minerales nativos que acabamos de citar. Todos sabemos que, esparcidas por ahí, hay pepitas de oro que se buscan con afán. Ello se debe a la nobleza química de este preciado elemento. Sus vecinos de arriba (en la misma columna de la tabla periódica), la plata y el cobre, también se encuentran puros en el sustrato mineral. Pero, curiosamente, hay muchos elementos más reactivos que se pueden encontrar libres en plena naturaleza cuando la mineralogénesis lo permite. Nos referimos al azufre, el selenio, el telurio, el mercurio, el platino, el bismuto, el antimonio, el arsénico, el hierro, el plomo y el carbono (tanto en forma de diamante como de grafito). Y la lista sigue. Preparando esta colaboración he descubierto con asombro que también se han hallado, en estado casi puro, iridio, osmio, aluminio, silicio, cromo, zinc, molibdeno, rutenio, cadmio, indio, estaño y wolframio. Es decir, el sustrato geológico de nuestro planeta nos ofrece al menos unos 25 elementos químicos de origen natural, sin duda las joyas de nuestra colección.

Si de minerales se trata, se nos abre un nuevo espacio de obtención: la síntesis —permítanme la broma— en condiciones de laboratorio. A partir de la malaquita es muy fácil obtener cobre (un calentamiento intenso con algo de carbón mezclado será suficiente). Lo mismo podemos hacer con la plata y sus minerales [véase «Arqueometalurgia», por Marc Boada; Investigación y Ciencia, marzo de 2005]. Más difícil, pero no demasiado, es conseguir plomo a partir de la galena, estaño de la casiterita, antimonio de la estibina o zinc de la blenda. Mayor pericia experimental deberá tener el coleccionista que quiera obtener hierro [véase «Microsiderurgia», por Marc Boada; Investigación y Ciencia, febrero de 2015], cobalto, níquel, manganeso y cromo de sus óxidos naturales. Y, ya con mayor detenimiento, podemos separar el silicio y el titanio de la arena de playa [véase «Tesoros en la arena», por Marc Boada; Investigación y Ciencia, agosto de 2011].

La capacidad de experimentación metalúrgica es importante, no solo para obtener los elementos metálicos de sus fuentes minerales (recordemos que son la parte del león de la tabla periódica), sino también porque, una vez conseguido ese reto químico y disponiendo de la técnica necesaria, resulta mucho más fácil fundir lingotes idénticos de los distintos metales.

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No terminaríamos de buscar elementos metálicos si antes no atendiéramos a otras posibilidades. La primera: el reciclaje. Fundir esos lingotes a partir de latas de aluminio, de tuberías de plomo y cobre e, incluso —y es una afición que cuenta con muchos seguidores— separar el oro de los diversísimos componentes electrónicos que quedan obsoletos cada día es fácil, muy fácil. Y, para los más expertos, existen todavía otras opciones como la obtención electrolítica de sodio, potasio, litio o calcio por la vía de la electrolisis de las sales fundidas. Mediante procedimientos puramente metalúrgicos o electrometalúrgicos podemos proveernos, pues, de unos 15 o 20 elementos.

Para los que no dispongan de un excelente sistema de ventilación o una cabina de absorción de gases donde llevar a cabo esos experimentos, lo mejor es localizar alguna empresa especializada en la venta de metales técnicos. Estas compañías ofrecen metales listos para su aplicación a un precio mucho más razonable que el de las muestras purísimas que acostumbran a vender los suministradores de material para laboratorio, sector al que deberemos llegar para conseguir buena parte de la tabla periódica.

Elementos interesantes porque dan paso a un amplio grupo de la tabla periódica, como el cerio, con espectros de emisión espectaculares como el estroncio, o con propiedades físicas singulares como el gadolinio, escapan a nuestras posibilidades experimentales. Por desgracia, estos tienen siempre un precio elevado y la inversión se justifica solo, quizá, por su interés científico.

Pasemos ahora a los elementos que son gases a temperatura ambiente. El aire es una mezcla cuyos componentes mayoritarios son el oxígeno y, sobre todo, el nitrógeno. Podemos considerar que un balón de vidrio lleno de aire contiene una muestra de nitrógeno con una quinta parte de impurezas. Pero podemos purificarlo mucho más mediante un simple proceso de absorción del oxígeno presente. Llenemos un balón de vidrio con el aire insuflado a través de un tubo de cobre lleno de lana de acero calentados fuertemente con un soplete. El gas que emerge es nitrógeno casi puro. Pasemos ahora al oxígeno. Pongamos agua oxigenada en un matraz, añadamos algo de pirolusita machacada o unas gotas de sangre humana. Empezará una fuerte efervescencia (ambas sustancias catalizan la descomposición del peróxido de hidrógeno), que liberará oxígeno suficiente para llenar un globo. Otra opción para conseguir oxígeno consiste en electrolizar agua acidulada, con lo que, además, obtendremos hidrógeno. Atención: ¡la mezcla es explosiva!

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¿Qué ocurre con los otros gases? Sorprendentemente, podemos conseguir con facilidad lámparas eléctricas rellenas con algunos de ellos. Hay bombillas con argón, neón, xenón y criptón. Bajo una suave descarga eléctrica, lucen con bellos colores. Otra opción más cara la encontraremos en algunas páginas web que ofrecen tubos de descarga a alta tensión de todos los gases. Y, ya en otro plano, podemos localizar lámparas industriales de vapor de mercurio, de sodio y de amalgama de galio.

Vemos, pues, que, buscando por casa, visitando tiendas y ferias de minerales, explorando talleres mecánicos, ferreterías, lampisterías, buscando por Internet en páginas para coleccionistas o solicitando oferta a especialistas en productos químicos podemos materializar buena parte de la tabla periódica. Sin embargo, como decíamos al principio, resulta más interesante aderezar la colección con las aplicaciones prácticas y, atención, específicas, de cada elemento.

Recomiendo centrarse primero en las aplicaciones que materializan una propiedad física singular. Por ejemplo: el hierro destaca por su tenacidad, flexibilidad o por sus propiedades magnéticas; el aluminio, por su baja densidad, y lo mismo le ocurre al magnesio. Por tanto, buscaremos aplicaciones que pongan de manifiesto estos aspectos.

También podemos explorar el mundo de los medicamentos. Se prescriben compuestos de litio para tratar los estados de ánimo bajos; de bismuto, para mejorar el funcionamiento del sistema digestivo; el potasio, en forma de cloruro, para las articulaciones; el gadolinio, como contraste, se utiliza en la obtención de resonancias magnéticas; el nitrógeno, en forma de nitroglicerina, para evitar ciertos problemas cardíacos… la lista es larguísima.

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Y no solo la farmacopea tiene un nexo directo con los elementos. También el arte. Los pigmentos blancos se obtienen a partir de compuestos sencillos de estaño, plomo o titanio. Los verdes, de hierro o cromo. El zinc, el cadmio y el manganeso se utilizan en pinturas al óleo; el oro, el uranio y el cobre, en vidrieras de colores. Más aún, ¿de cuántos elementos químicos puros, o casi, se fabrican tornillos? No será fácil, pero el coleccionista los puede encontrar de al menos 7 elementos casi puros y de, como mínimo, 5 grandes grupos de compuestos. ¿Adivina cuáles?

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Sustancias puras y mezclas

Podemos clasificar la materia en:
  • Sustancia pura es aquella materia homogénea que tiene una composición química definida en toda su extensión y se puede identificar por una serie de propiedades características. Las sustancias puras se clasifican, a su vez, en elementos y compuestos:
    • Un elemento químico es una sustancia pura que no puede descomponerse en otras más simples.
    • Un compuesto químico es una sustancia pura que, mediante procesos químicos, puede descomponerse en otras más simples.
  • Una mezcla es un sustancia material de composición variable,formado por dos o más sustancias puras que pueden separarse utilizando procedimientos físicos. Las mezclas se clasifican en mezclas heterogéneas y mezclas homogéneas o disoluciones:
    • Una mezcla heterogénea es aquella en la que pueden distinguirse sus componentes a simple vista o con el microscopio óptico. Distinguimos las dispersiones coloidales y las suspensiones.
    • Una mezcla homogénea o disolución es aquella en la que no es posible distinguir sus componentes a simple vista o con el microscopio óptico.

Las técnicas de separación de mezclas más importantes son la filtración, la decantación, la extracción, la cristalización, la destilación y la cromatografía.

Preparación de disoluciones

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Resultado de imagen de disolucion homogenea y heterogenea
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Videos

Separación y purificación de sustancias

Actividad final

§  Trabajo por parejas:elige una mujer científica de la siguiente webquest y realiza una presentación power point con el resultado de tu trabajo.

ACTIVIDAD IV: Conoce las técnicas de separación

  • Soluto. Es la sustancia que se disuelve y es el componente que se encuentra en menor proporción.
  • Disolvente. Es la sustancia que disuelve al soluto y es el componente que se encuentra en mayor proporción.


Los componentes de una disolución reciben el nombre de:

Una disolución saturada es aquella que, a una temperatura determinada, ya no admite más soluto. Observa este vídeo sobre los tipos de disoluciones.

La concentración de una disolución expresa, de forma numérica, la cantidad de soluto que hay en una determinada cantidad de disolución.

Se puede dar la concentración en masa% en masa y % en volumen.

 ACTIVIDAD VII: Repasa las disoluciones
BEBIDAS AZUCARADAS
Consumir con frecuencia bebidas azucaradas contribuye al exceso de peso, aumentando tu riesgo de desarrollar obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.
Un estudio realizado por investigadores de Harvard calculó que al año mueren en México 22,020 personas a causa del consumo de bebidas azucaradas, lo que representa 12% de las muertes ocurridas en el mundo asociadas al consumo de bebidas azucaradas.
¿Por qué consumir bebidas azucaradas pone en riesgo tu salud?
Las bebidas azucaradas contienen únicamente azúcares añadidos. Los azúcares añadidos son aquellos que se añaden artificialmente a los alimentos o bebidas.
No generan saciedad. A diferencia de los alimentos sólidos las bebidas azucaradas no generan saciedad, porque tu cerebro no las percibe. Si acostumbras consumir bebidas azucaradas entre comidas, el consumo de calorías durante la siguiente comida será igual que si no hubieras bebido el refresco o jugo, incrementando tu riesgo de padecer obesidad.
Contienen calorías vacías. A diferencia del azúcar natural que contienen las frutas o la leche, el azúcar añadido no proporciona otros nutrientes como vitaminas, minerales, fibra, proteína etcétera. Cuando las bebidas aportan mucha energía y ningún nutriente se conoce como calorías vacías.

Beber agua simple y potable, leche sin grasa, té sin azúcar y agua con gas, pueden hidratarte y aportarte más beneficios. ¡Cuida tu vida! ¡Tómala en serio!

Para más información consulta:

Calorías vacías, ¿qué son y dónde están?

¿Los refrescos son una opción de hidratación saludable?

 
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Recursos de biología y geología para ESO

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El método científico

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Construcción del conocimiento científico

Temas para aplicar un método científico:
– El crecimiento de una planta:
1. La observación del fenómeno: estudiar el crecimiento de una planta desde su origen, la semilla. Éste dependerá de varios factores, tipo de semilla, tipo de agua de riego, humedad, tipo de tierra, fertilizante, temperatura, sol, presión atmosférica, etc.
2. Formulación de hipótesis: una planta crece más que otra por que la primera está en un suelo ácido y la segunda en un suelo básico.
3. Diseño experimental: queremos ver cómo influye la acidez del suelo en el crecimiento, entonces fijamos la temperatura, agua, presión, semilla, humedad, sol, etc., y con varias plantas variamos la acidez del suelo y seguimos el crecimiento de la planta cada día.
4. Análisis de resultados y conclusiones: La medida de acidez, el pH, en abscisas y la longitud de la planta en ordenadas.
Otro tema podría ser la verificar si la astrología funciona o no:
1. Percibir el problema. La astrología define doce grupos de personalidad según su signo zodiacal (queremos saber si en verdad se puede clasificar a la gente de esta manera).
2. Eliminar los prejuicios. Un prejuicio es creer que la astrología sí funciona sólo porque la mayoría de la gente dice que funciona, o creer que no funciona porque escuchaste a un científico decir que no tiene ninguna base racional, son prejuicios. Si deseas probar algo, debes tomar una actitud imparcial y atenerte sólo a los hechos.
3. Identificar y definir el problema. Según los astrólogos, se pueden definir doce rasgos de personalidad según el signo zodiacal en el que han nacido. Es decir, si eres Cáncer tienes una personalidad solitaria, si eres Aries eres juguetón, si eres Piscis te gusta conversar etcétera. En definitiva: Queremos conocer si el signo zodiacal influye en la personalidad de uno.
4. La hipótesis. Proponemos que el signo zodiacal sí influye de manera determinante en la personalidad de cada individuo. Recuerda que la hipótesis siempre debe ser formulada de tal modo que pueda prever una respuesta (sí o no).
5. Verificación de la hipótesis mediante la acción. Debemos encontrar hechos observables que permitan confirmar nuestra hipótesis. Se nos pueden ocurrir muchas maneras de verificar la hipótesis, siempre debemos tratar de escoger aquellos que no nos proporcionen resultados ambiguos ni incompletos. Es muy importante diseñar un experimento que pueda ser repetido por cualquier otra persona, ya que un descubrimiento científico no tiene validez hasta que ha sido replicado por otro científico. Para este caso, podemos hacer lo siguiente: Consigue una carta astral de cualquier persona de algún signo zodiacal donde se describa la personalidad del sujeto (si no puedes encontrar una, puedes buscar en los horóscopos de revistas o periódicos), asegúrate de mantener esto en secreto. A continuación, entrega individualmente a todos tus familiares, amigos y compañeros una copia de esta carta astral asegurándoles que fue hecha especialmente para él o ella. Luego de que la lean, pídeles que te digan si lo escrito concuerda con su personalidad.
Si encuentras que alrededor de una de cada doce de las personas entrevistadas (recuerda, son doce signos zodiacales) confirman que el contenido de la carta astral coincide con su personalidad, entonces has encontrado una correlación poderosa. Tal vez la astrología tenga bases científicas. Ahora debes seguir diseñando nuevos experimentos para confirmar lo encontrado, de manera que tus resultados no sean sólo datos aislados y que pueden tener errores experimentales.
Si encuentras otra proporción, ya sea que todos tus entrevistados, o ninguno de ellos, asegura que la carta astral describe muy bien su personalidad, entonces estas en camino de refutar tu hipótesis. Tal vez la astrología sólo es un montón de conocimientos sin fundamentos que no funciona como dice. En cualquier caso, debes seguir con la experimentación, implementando nuevas ideas y nuevos diseños.
Bueno, en realidad, luego de entrevistar a cientos de personas, se comprobó que más del ochenta por ciento de la gente creía que la carta astral estaba especialmente diseñada para él o ella, cuando en realidad era la misma para todos.
Resultado final, hemos comprobado que la Astrología es un mito, pues no tiene base científica que la sustente.
Otro ejemplo sería el siguiente:
1.La Investigación: observas un crecimiento de hongos en las rebanadas del pan blanco y te preguntas cómo apareció allí. Un ejemplo de la investigación del proyecto sería colocar un pan blanco en una caja pequeña y observar el pan durante un tiempo como experimento exploratorio.
2. El Problema: “¿Cómo se inicia la reproducción del moho del pan en el pan blanco?”. Elige un problema que se pueda solucionar experimentando. Por ejemplo, la pregunta “¿Qué es un moho?” puede ser contestado encontrando la definición del moho en el diccionario. Pero, “en la temperatura ambiente, ¿Cuál es el índice de crecimiento del moho del pan en el pan blanco?” es una pregunta que se puede contestar por la experimentación.
3. La Hipótesis. Un ejemplo de una hipótesis para la pregunta anterior del problema: “Creo que el moho del pan no necesita la luz para la reproducción en el pan blanco. Baso mi hipótesis en estos hechos: Los organismos con necesidad de la clorofila necesitan la luz para sobrevivir. Los mohos no tienen clorofila. En mi experimento exploratorio, el moho del pan creció en el pan blanco guardado en un envase oscuro del pan.”
4. La Experimentación del Proyecto: El problema se refiere al efecto de la luz en la reproducción del moho del pan. La variable independiente para el experimento es la luz y la variable dependiente es reproducción del moho del pan. Por ejemplo, prepara el experimento colocando tres o cuatro rebanadas de pan blanco en cajas de cartón a un mismo tamaño de un cuadrado de pan, un pan por cada cuadro. Cierra las cajas de modo que no reciban ninguna luz. Si, en el final de un período del conjunto, el moho no crece, puede ser que decida que no hay luz necesaria para la reproducción del moho. Pero, antes de tomar esta decisión, debe determinarse experimentalmente si el moho crecería con la luz. Así, los grupos de control deben ser instalados en el pan que recibe la luz a través del período de prueba. Haz esto colocando un número igual de panes en las cajas, pero dejándolo abiertos. Otras variables son para el experimento y controlar la disposición, tal como las condiciones ambientales para el cuarto en donde se colocan las cajas, temperatura y humedad, y la marca de fábrica de los panes usados, se deben mantener iguales. Éstas son variables controladas. Para medir la cantidad de crecimiento del moho, puede ser que traces los cuadrados de 1 centímetro en una hoja transparente de plástico. Esto podría colocarse sobre el pan, y el número de cuadrados con el crecimiento del moho podría ser contado. También, como es mejor realizar el experimento más de una vez, es también bueno tener más de un control. Puede ser que tengas un control para cada disposición experimental.
5. La Conclusión del Proyecto: Se puede decir, “Como está establecido en mi hipótesis, yo creo que la luz no es necesaria durante la germinación de las semillas de alubias. Mi experimento soportó la idea de que las semillas de alubias germinaron sin luz. Después de siete días, las semillas probadas fueron vistas crecer en condiciones de luz y sin luz. Es posible que poca luz haya alcanzado el envase “sin luz” donde fue guardado en un lugar tal como un armario oscuro. “Si yo mejorara este experimento, yo colocaría el envase dentro de una caja a prueba de luz o envolverlo en un pliego de papel aluminio.”
Otro ejemplo: ¿Cuánto tiempo lleva al corazón graduarse a su velocidad normal después del ejercicio?
Propósito: Descubrir cuánto tiempo se lleva el corazón para llegar a su función normal después del ejercicio.
Hipótesis: Se lleva el corazón a su función normal en un tiempo medio de cinco minutos después del ejercicio.
Experimento: Por ejemplo, con una muestra de 10 a 20 minutos de graduación, mide tus ritmos cardíacos iniciales, los ritmos cardíacos después de ejecutarse un ejercicio por 10 minutos, y entonces el tiempo que lleva a tus ritmos cardíacos de vuelta a lo normal.
Resultados: Enumera los resultados de tu experimento. Utiliza un cuaderno, para las anotaciones y los gráficos para mostrar los resultados de las pruebas del ritmo cardíaco. Cerciórate de que tus resultados estén claros, y dalos por hechos, no opiniones.
Conclusión: ¿Cuál es el tiempo medio que lleva el ritmo cardíaco de vuelta a lo normal después del ejercicio? Incluso si tu experimento probó que la hipótesis no era verdad, has aprendido algo nuevo.
Otro ejemplo: Medir la capacidad pulmonar
Propósito: Tu propósito puede ser descubrir si una gran capacidad pulmonar es una ventaja durante el ejercicio físico.
Hipótesis: Los estudiantes con mayor capacidad pulmonar pueden hacer por más tiempo ejercicio físico.
Investigación: Busca la información sobre los pulmones, su propósito, como trabajan, y la importancia de ejercitar.
Experimento: Utiliza a los estudiantes de una misma edad y de fuerzas similares, mide sus capacidades pulmonares, y prueba sus ritmos cardíacos después de la misma cantidad de ejercicio.
Resultados: Enumera las áreas principales de lo que has aprendido. ¿Qué han probado tu investigación y experimentos?
Conclusión: ¿Estaba tu hipótesis correcta? ¿Cuál es el valor de tu proyecto con este nuevo conocimiento aprendido?


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